La crisis se ceba con las mujeres
Un reguero de desempleo cada vez más caudaloso, dificultades para hacer
compatible el trabajo y la vida familiar y recortes al Estado de Bienestar. En
femenino, la crisis se conjuga con agravantes y el panorama pinta negro:
algunos de los cambios que vienen, como la flexibilidad de jornada que la reforma
laboral acaba de consagrar para los empresarios y el apoyo al trabajo a tiempo
parcial, ahondarán las diferencias. Frente a ese panorama, algún “brote verde”,
de la mano del autoempleo.
“La crisis tiene consecuencias distintas para hombres y mujeres. El aspecto
más letal para ellas es el recorte del gasto público, esa rebaja se deja sentir
en el empleo público, “hasta ahora el mejor empleador de las mujeres”, cuyas
plazas “se han congelado y donde van a caer interinos”. Además, esa medida
provoca el recorte de los servicios sociales, y esto afecta a las mujeres por
partida doble: emplean mano de obra femenina en gran medida y favorecen sobre
todo a las ciudadanas, porque las alivian de las tareas de cuidado que
protagonizan. “Quizá lo más nefasto es que estos recortes van a afectar incluso
a la empleabilidad de las mujeres”, añade esta experta.
Antes de la crisis económica, la bonanza había atenuado la falta de equidad
en el ámbito laboral, pero sin acabar con ella. “Se olvida que no estábamos en
el mejor de los mundos”, dice Almudena Fontecha, responsable de Igualdad de UGT.
Al derrumbe de la construcción ha seguido el de los servicios, muy feminizados.
“Aunque el desempleo de los hombres ha crecido mucho más, no ha superado la
tasa que padecen las mujeres”, recalca Carmen Bravo Sueskun, secretaria de la
Mujer del sindicato CC OO. “A ellas les cuesta más que a los hombres conseguir
un empleo. Por eso son más pesimistas. Creen en mayor medida que lo pueden
perder, y que no volverán a tener otro”, explica María Ángeles Durán, profesora
de investigación del CSIC. Una vez en el paro, “ellas acceden menos al subsidio, porque trabajan en
condiciones más precarias”, plantea Fontecha.
“En épocas de
crisis suele aumentar la actividad femenina, porque las mujeres buscan aumentar
la renta familiar”, explica Laura Nuño, directora de la cátedra de Género de la
Universidad Rey Juan Carlos. También ellas son quienes “mantienen las redes
familiares, que son el soporte de la crisis”, añade Durán. Una vez en el tajo, persiste una notable segregación por sexos en el empleo,
de forma que cualquier recorte en servicios como la sanidad, la educación o los
cuidados, por ejemplo, se ceba más con el empleo femenino. Es “fundamental”
tomar medidas para atajar el paro en el sector servicios, “que es donde se
concentra un importante porcentaje del empleo femenino”, asegura por escrito la
directora general para la Igualdad de Oportunidades, Carmen Plaza.
Al mercado laboral segregado se añade la brecha
salarial, una de las grandes diferencias entre mujeres y hombres. Se sitúa en
el 22%, según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, que ha
anunciado un plan de lucha contra esta divergencia. La desigualdad es mayor en el
trabajo a tiempo parcial, donde el sueldo por hora femenino supone el 76% del
masculino, según el INE. La titular del departamento, Ana Mato, defiende a capa
y espada que “la mejor política de igualdad es la que crea empleo”. Pero de
momento, solo se destruye.
Las reformas en marcha del mercado de trabajo contienen amenazas específicas
para la situación laboral de las mujeres, según los sindicatos.
Y el tiempo parcial es, sobre todo, femenino. “Esta
modalidad, que se incentivará como fórmula de conciliación, supone menores
ingresos, difícil carrera profesional y menor jubilación”, plantea Gálvez. Casi
la mitad de las empleadas que tienen este tipo de contrato preferirían disponer
de otro a tiempo completo. El segundo motivo para esta situación es el cuidado
de niños o adultos. Es una factura de la dificultad para aunar el trabajo
remunerado y las obligaciones familiares, donde la corresponsabilidad entre los
miembros de la pareja sigue siendo una asignatura pendiente.
“La crisis afecta a todo el mundo, no estoy segura de que ellas estén más
tocadas que ellos, pero sí puede estar afectando a la conciliación, porque
parece que tenemos que trabajar más para conseguir lo mismo”, prosigue
Chinchilla. Y hablar de conciliación es hablar de mujeres, que “son cada vez más
el ganapán”, por el desplome, también, del empleo masculino. “Eso no se ve
compensado por el tiempo que dedican los hombres a construir el hogar”,
continúa la experta.

Ellas han sabido ver más oportunidad en la crisis
que los hombres. La cara B de este asunto es la motivación de las mujeres para
formar una empresa de estas características: les proporciona el empleo que no
encuentran por ningún otro sitio y una flexibilidad laboral que deja hueco para
otras tareas, véanse la casa, los hijos, los mayores… “Ya antes de la crisis
las mujeres han manifestado en otros estudios internacionales su deseo de crear
una empresa propia, pero no es la oportunidad de negocio lo que las anima, sino
la necesidad”, constata Maria Àngels Valls, profesora del Esade. “No es de
extrañar”, dice, “que el cierre del mercado de trabajo con la crisis haya
acentuado esa necesidad de crear empresa propia”. “Pero también es verdad que
muchos de esos deseos no se cumplen porque las mujeres encuentran dificultades
con la financiación”, añade.
Efectivamente, el estudio del profesor Torrent no habla tanto de oportunidad
de negocio como de necesidades añadidas: conciliación, autoempleo,
discriminación salarial. Y de algunas ventajas que favorecen este despegue
femenino en la creación de microempresas: la formación universitaria que tienen
y las nuevas tecnologías que las sitúan en un contexto global y flexible para
este tipo de iniciativas. “Con estos negocios, de alguna manera compran su
libertad y ordenan su vida por cuenta propia”, afirma Torrent.
Este experto cree que estas microempresas —una gota
en el océano del empleo— son los verdaderos brotes verdes, porque están
surgiendo con fortaleza en tiempos de recesión, adaptadas ya al mundo laboral
global y tecnologizado.
Con el empeoramiento de las condiciones laborales y los recortes de las
políticas sociales, existe un riesgo cierto de que las mujeres tiren la toalla
en el terreno laboral. Si el acceso a los servicios de cuidado se encarece o
dificulta y el salario de las mujeres baja, se incentiva que las mujeres se
puedan quedar en casa o vayan a trabajar a tiempo parcial. En todas las crisis
que se han analizado según el efecto en hombres y en mujeres se ha visto que
provocan retrocesos en los avances generales en igualdad e intensifican el
trabajo de las mujeres, sobre todo el no remunerado, concluye.
Opinión:
Aunque las mujeres les
haya costado integrarse al comercio del trabajo asalariado, porque
las mujeres antes trabajaban y trabajan siendo amas de casa pero no
se les paga pero eso es otro tema, el nivel de paro está por encima
del masculino y aun así con la crisis que hay que ha habido muchos
desempleados masculinos por la parte de la construcción pero por
otra también ha habido muchos del sector servicios y comercio que
está representado con la mayoría de las mujeres en el trabajo.
También cuenta la noticia que las mujeres les cuesta más conseguir
un trabajo y a los hombres menos pero que a las mujeres les afecta
menos ese despido si tienen el apoyo económico de su pareja y que a
los hombres les afecta mucho ya que por la cultura que todavía ronda
por la sociedad se sienten fracasados.
Esta noticia la podemos ver
reflejada en el tema 16.
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/03/06/vidayartes/1331064083_564938.html